Rikki Rockett, reconocido baterista de la influyente agrupación estadounidense de glam metal Poison, ha compartido recientemente interesantes reflexiones sobre las dinámicas de la industria musical durante la década de los ochenta, revelando cómo los medios especializados intentaron fabricar una enemistad irreconciliable entre su banda y los titanes del thrash metal, Metallica.
La estrategia mediática de los años ochenta en la escena del rock
Durante su participación en el conocido espacio de podcasts conducido por figuras del medio, el músico analizó el panorama cultural que se vivía en Los Ángeles y Nueva York a mediados de 1986. En aquellos años, las revistas impresas y los programas de radio buscaban constantemente titulares impactantes para incrementar sus ventas, dividiendo artificialmente a los seguidores del rock en bandos opuestos que supuestamente no podían coexistir en una misma discoteca.
Para la prensa escrita de la época, era sumamente rentable enfrentar estéticamente a las agrupaciones de cabello cardado, maquillaje y chaquetas de cuero brillante con los exponentes de una corriente mucho más agresiva, rápida y contestataria. Mientras que bandas como Poison llenaban estadios con himnos festivos de fiesta y romance adolescente, otras agrupaciones exploraban la oscuridad lírica y la velocidad instrumental.
La realidad detrás de bambalinas entre Poison y Metallica
A pesar de lo que las publicaciones impresas de la época intentaban inculcar en las mentes de los fanáticos más jóvenes, la realidad en el backstage era completamente distinta. Los músicos de ambos géneros solían coincidir en los mismos bares, estudios de grabación y hoteles, compartiendo camaradería y un respeto mutuo por el arduo trabajo que implicaba girar de manera constante por todo el territorio norteamericano.
El propio Rikki Rockett, quien fundó Poison junto al vocalista Bret Michaels, el guitarrista C.C. DeVille y el bajista Bobby Dall en 1983, señaló que nunca existió un odio real hacia los integrantes de Metallica. De hecho, ambas formaciones entendían perfectamente que pertenecían a caras diferentes de una misma moneda musical: la explosión mundial del rock y el metal en todas sus vertientes durante la dorada era de los formatos físicos.
El legado discográfico de Poison y su impacto cultural
Formada originalmente bajo el nombre de Paris antes de mudarse a Los Ángeles y adoptar su denominación definitiva, Poison alcanzó la gloria comercial masiva con su álbum debut titulado «Look What the Cat Dragged In» en 1986. Dicho trabajo discográfico pavimentó el camino para el suceso histórico de su siguiente obra maestra, «Open Up and Say… Ahh!», lanzada en 1988, la cual incluyó el megaéxito global «Every Rose Has Its Thorn».
Por su parte, el cuarteto liderado por James Hetfield y Lars Ulrich consolidaba su estatus con el lanzamiento de placas fundamentales como «Master of Puppets» también en 1986, redefiniendo los parámetros del metal pesado a nivel internacional. Lejos de las rivalidades comerciales fomentadas por la prensa gráfica, tanto el glam como el thrash construyeron las bases de lo que hoy conocemos como la historia dorada del rock pesado contemporáneo.
Una perspectiva madura sobre la historia del género
Las recientes declaraciones del baterista sirven para desmontar mitos urbanos que han perdurado durante décadas entre los coleccionistas y seguidores más puristas de ambos movimientos. Hoy en día, mirar al pasado permite valorar la riqueza artística de una época donde el rock dominaba las listas de popularidad en la televisión y la radio sin importar las etiquetas comerciales impuestas por los ejecutivos discográficos.
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